martes, 11 de mayo de 2010

FIESTA DE FE POR EL SEÑOR DE MURUHUAY






Durante 45 días del año, miles de fieles devotos llegan de todos los rincones del Perú y el extranjero para venerar al milagroso Señor de Muruhuay y también para comer y "chupar" gratis los productos típicos del lugar. Su templo está en la falda del cerro Shalacoto, en el distrito de Acobamba, a once kilómetros de Tarma, en Junín.


La veneración se inicia el 1 de mayo y se prolonga hasta el 15 de junio, pero su día central es el 3 de mayo, fecha en que apareció la imagen, esculpida en la roca gris del lugar.

Es el único Cristo crucificado y grabado en piedra del país que atrae multitudes, pues en un solo día el lugar puede albergar a más de 50 mil creyentes, que llegan para rezar, pedir milagros y encomendarse a Dios. Los más de 450 mayordomos, que se suceden día a día, tienen la misión de organizar la fiesta y atender a todo aquel que pise Muruhuay.

Los miles de devotos forman día y noche interminables colas para tocar por unos instantes al "Cristo de la piedra". Pobres y ricos se confunden entre enfermos crónicos, que suben al santuario a pedir en llanto la sanación del Señor. Luego abandonan el templo con una sonrisa de esperanza y fe, dibujada en sus rostros.

DIAS DE FIESTA Antes de que salga el sol del 2 de mayo, en toda la ciudad los acobambinos se despiertan para iniciar la víspera de la adoración al Señor. Los mayordomos sirven caldo de mote y chicha de jora a los miles de turistas y visitantes sin distinción.

Pareciera que el gasto es millonario, pero no. Todo el pueblo colabora con el mayordomo. Unos donan la comida, otros el conjunto musical. "Te aseguro que no he gastado nada", alcanza a decir un mayordomo tarmeño.

Al atardecer, el tradicional puchero acobambino se calienta en una gran paila cuadrada a la espera de los comensales, que beben el "calientito" a base de siete yerbas y aguardiente, a fin de aplacar el intenso frío y la helada.

Al día siguiente se inicia la adoración central al Señor de Muruhuay, con la salva de 21 camaretazos, y se degusta la patasca y la pachamanca. Luego, comparsas enteras se concentran en la plaza de armas de Acobamba y desde allí parten al encuentro del Señor.

El mayordomo, junto a su esposa, alfereces y cuadrillas de chonguinos con disfraces coloridos danzan al compás de la chonguinada, huaylas y huaynos interminables rumbo al sagrado templo.

La fe y la devoción sumadas a la alegría de multitudes, transforman el santuario del "Cristo de la piedra" en un lugar festivo. Se encienden fuegos artificiales y bombardas que iluminan el azulado cielo de Muruhuay. La velada ha de culminar con la quema de majestuosos castillos al pie del templo, al anochecer.

ANTONIO CAMAYO VALVERDE

"Su manto me devolvió la vida"
Antonio Camayo viaja cada año para agradecerle milagros
Antonio Camayo, gran motor de Iza Motors, es acobambino de nacimiento y de corazón. El es uno de los 450 mayordomos que todos los años regresa a su tierra natal para agradecer al Señor. Su fe es inquebrantable y su bie­nestar un milagro.



El 15 de noviembre de 2005, doce integrantes de la banda criminal "Los injertos del norte" intentaron secuestrarlo. Acribillaron a sus dos guardaespaldas y dispararon a matar contra el empresario.

"Me salvé porque tengo un manto del Señor de Muruhuay en mi empresa. Las ráfagas de balas impactaron en todos los lugares menos en el manto, que protegió mi vida", manifiesta.

Al año siguiente, la cirrosis casi lo lleva a la tumba. Los médicos lo desahuciaron. Su hígado dejó de funcionar y la muerte parecía su mejor aliada. Sin embargo, se encomendó al "Cristo de la piedra" y su mal sanó repentinamente.

"Estuve dos años postrado en una cama, recorrí los mejores hospitales de Estados Unidos y Cuba, pero nadie me daba esperanza de vida. Un día llegué a mi tierra y le recé con todas mis fuerzas al Señor de Muruhuay. Gracias a mi fe fui salvado. La ciencia no supo explicar mi caso de sanación", testimonia Camayo.

Siempre en el mes de mayo viaja desde Lima a Acobamba con toda su familia para homenajear al Señor de Muruhuay. El le ha dado, como dice, "el segundo tiempo del partido" de su vida y no lo ha de desaprovechar.


Cortesia : DIARIO OJO del 10-05-2010